Hace ya unos cuantos años, los vecinos de mi barrio mostramos nuestro desacuerdo con el trazado de una carretera. Se planteó una opción para así no quitar zonas verdes y pinares, pero se desestimó. No entendíamos que pudiendo evitar tal desastre no se tuviera en cuenta nuestra alternativa que podía ser bastante viable. Hicimos reuniones, movilizaciones, acampadas, pero nada se obtuvo y al final la carretera de circunvalación atravesó esos pinares con caminos que hoy se desdibujan, esos pinares donde un día, hubo un trayecto para gimnasia, si ,ese que se llamaba “Vita”, al que poco a poco fuimos ignorando porque no le hicimos ni p..caso y mucho menos lo cuidamos, y esos toboganes y atracciones para niños que fueron perdiendo sus ruedas y sus piezas y nadie hizo nada por ello. De repente nos vimos amenazados por el inevitable paso del tiempo y la especulación, algo nos hizo “click” en el cerebro y nos apresuramos a abrazar a aquellos pinos porque, “costaba tanto que crecieran…” pero fue tarde. Aquello por lo que ahora luchábamos había visto pasar el tiempo sin que ninguno de nosotros ni siquiera lo tuviera en cuenta y sin que apenas nadie se preocupara de su lamentable estado y lo cuidara. Todavía hoy sin haber aprendido la lección, salimos nuevamente a la calle, eso si, utilizamos la bicicleta como medio de transporte porque no contamina. Alertamos de cambios que hemos provocado y reclamamos la atención y la conciencia que nosotros mismos no hemos tenido y sin saber ni porqué ni como protagonizamos simbólicos performances con el único objetivo de la foto final, esa imagen que inundará los medios y las redes sociales de ese mundo virtual donde no hay ni pinos, ni columpios, ni “Vita”, ni na, pero nos dará muchos “likes”.
Asimilemos el sentido de nuestra vida sistematizada, es lo mas coherente que podemos hacer.
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